Empieza por el calendario, no por los apuntes

La mayoría empieza la época de exámenes abriendo los apuntes de la asignatura que más le agobia. Es comprensible, pero conviene un paso previo: mirar el calendario. ¿Qué exámenes tienes, en qué fechas y con qué huecos entre ellos? Sin ese mapa, el tiempo se reparte por impulso, y el impulso favorece lo que ya se te da bien o lo que da más miedo, no lo que más te conviene.

Anota para cada examen la fecha, los créditos de la asignatura y el peso del examen en la nota final. Si te falta el dato de los pesos, búscalo en la guía docente. Con eso puedes decidir con criterio dónde invertir cada hora, tal como se explica en Estrategias de gestión del tiempo para estudiantes ocupados.

Planifica hacia atrás y reparte las horas

Planificar hacia atrás significa partir de la fecha del examen y retroceder: el último día, repaso ligero; antes, práctica con exámenes anteriores; antes, la primera pasada por toda la materia. Así descubres pronto si los días no te llegan, cuando aún puedes hacer algo al respecto.

Un ejemplo con números inventados para ilustrar el método. Supón que tienes 12 días de estudio antes de tres exámenes y puedes dedicar 4 horas de estudio concentrado al día: 12 × 4 = 48 horas. Si las asignaturas valen 6, 4 y 2 créditos (12 en total), un primer reparto proporcional a los créditos sería:

  • Asignatura de 6 créditos: 48 × 6 ÷ 12 = 24 horas.
  • Asignatura de 4 créditos: 48 × 4 ÷ 12 = 16 horas.
  • Asignatura de 2 créditos: 48 × 2 ÷ 12 = 8 horas.

Comprobación: 24 + 16 + 8 = 48. Es solo un punto de partida. Después lo ajustas según la brecha: si ya dominas la de 6 créditos y la de 2 se te atraganta, mueve horas hacia esta última. La idea es repartir según lo que te falta, no según lo que te apetece. Para saber cuánto necesitas sacar en cada examen, la guía ¿Qué nota necesito en el examen final? te ayuda a ponerle cifras.

Recuerdo activo: practica a sacar la información

Subrayar y releer son cómodos, pero no demuestran que puedas recordar la materia sin ayuda. El recuerdo activo consiste en tapar los apuntes y obligarte a reproducir lo que sabes. Algunas formas de hacerlo:

  • Preguntas y respuestas: convierte cada apartado en preguntas y respóndelas en voz alta o por escrito antes de mirar la solución.
  • Folio en blanco: escribe todo lo que recuerdes de un tema y compara después con los apuntes; lo que falta es lo que toca repasar.
  • Explicárselo a alguien: si no sabes explicar un concepto con tus palabras, aún no lo tienes claro.
  • Ejercicios sin la solución a la vista: en asignaturas de cálculo o de problemas, resolver es la única forma real de estudiar.

Resulta más incómodo que releer, y esa incomodidad es parte de la señal: te enseña lo que todavía no sabes mientras aún hay tiempo de corregirlo.

Repaso espaciado: vuelve a la materia varias veces

Estudiar un tema una sola vez, aunque sea muchas horas seguidas, suele dejar un recuerdo frágil. Repasarlo en varios momentos, con huecos crecientes, ayuda a que se asiente. No hace falta un método sofisticado: basta con volver a cada tema tras uno o dos días, otra vez a la semana y otra vez justo antes del examen.

En la práctica, esto es otra razón para no dejarlo todo para el final. Un temario que ves una sola vez la noche anterior no admite repaso espaciado; uno que empezaste con margen, sí. Si te faltan días, aplica la idea a lo esencial: repasa primero lo que más pesa en el examen y lo que peor recuerdas.

Exámenes de años anteriores, pronto

Si tu centro o tu profesorado publica exámenes de convocatorias anteriores, aprovéchalos, y no los guardes para el final. Resolver uno al principio te enseña cómo se plantean las preguntas, cuánto tiempo tienes por pregunta y qué lagunas tienes, cuando todavía puedes cerrarlas. Hazlo con las mismas condiciones del examen real: tiempo limitado, sin apuntes y sin móvil.

Tras corregirlo, no te quedes con la nota: anota por qué fallaste cada pregunta (no lo sabías, te despistaste, te faltó tiempo) porque cada causa tiene un remedio distinto. Y recuerda que los exámenes pasados orientan, pero el tuyo puede ser distinto: no sustituyen a la materia.

Sueño, comida y descanso también cuentan

Recortar horas de sueño para estudiar más parece una buena idea a las once de la noche y deja de serlo a las diez de la mañana, delante del examen. Dormir bien ayuda a concentrarte y a recordar, así que forma parte del plan y no compite con él. Lo mismo vale para comer con cierta regularidad y para mover el cuerpo un rato al día.

Programa también los descansos: bloques de estudio concentrado con pausas cortas rinden más que una maratón sin fin. Y deja un día con margen antes de cada examen por si algo se retrasa; un plan sin holgura se rompe al primer imprevisto.

Si no te sale como esperabas

A veces, pese a prepararte bien, un examen sale mal. Conviene conocer de antemano las normas de tu centro sobre convocatorias adicionales, repetición de asignaturas y cuál de las notas cuenta para la media, porque cambian según la normativa. Compruébalo en tu normativa o en la secretaría, no la noche en que te lo planteas. Si una asignatura acaba repetida, puedes ver cómo afecta a tu media en repetir una asignatura y tu media.

Para saber cuánto necesitas en cada examen y cómo afecta a tu media, prueba la calculadora de AveragExcellent. Funciona en tu dispositivo y no hace falta registrarse.